Piel, verano y acné emocional: Como evitarlo.

La piel es un órgano que comunica, de forma silenciosa, aquello que profundamente sentimos...

Si los ojos son el espejo del alma, la piel es el reflejo de lo que sentimos profundamente. El acné es una afección cutánea que para tratarla no sólo basta tratar los síntomas, se debe considerar el factor emocional de la persona, ya que este problema de la piel está totalmente relacionado con este aspecto.

 

Con la piel expresamos lo que no nos atrevemos a decir con palabras. La piel dice:
“Estoy irritado”, “Estoy muy irritado”, “Quiero gustarte”, “No deseo que me mires”, “No quiero que me toques”, “Aléjate”, “Tengo un problema”, “Tengo miedo”.

 

Cuando la afección cutánea está concentrada en una zona del cuerpo con fuerza, el mensaje es mucho más acentuado y fuerte para el mundo exterior. Por ejemplo, si la zona afectada son los ojos, entonces quizá “lo que ve” la persona, es motivo de su irritación o su mensaje silencioso. Si es el rostro, entonces el mensaje quizá sea “No querer dar la cara” “Sentirse avergonzado o irritado por algo” “Querer decirle al mundo que hay un conflicto o un problema” “Sentirse feo o inseguro”.
En el caso del acné, es interesante observar los patrones psicológicos que la generan.

 

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En jóvenes y adolescentes, por ejemplo, sucede que cuando las glándulas hormonales empiezan a madurar, se segrega grasa en la piel con el propósito de hacer la piel más tersa y atractiva. Sin embargo, cuando el adolescente siente temor, angustia o tiene algún conflicto o protesta hacia el mundo, entonces esto se reflejara sin duda en su piel.
Lo que sucede es que esta tensión interior provoca que los músculos debajo de la piel se tensen, bloqueando los poros. Las glándulas sebáceas seguirán generando grasa natural, pero si el poro está cerrado por la tensión, entones, se generara el brote de acné, el cual tan sólo es grasa acumulada.
Un joven con acné puede sentirse angustiado, temeroso de su crecimiento, inseguro o con alguna protesta fuerte por no querer crecer o afrontar algún cambio o las nuevas responsabilidades que se le vienen. Muchas veces, cuando el joven ya se ve comprometido en alguna circunstancia de responsabilidad en la que vea que ya ha crecido, entonces la tensión baja, de alguna forma el joven dice “Ya está, ya he crecido y puedo hacerme responsable”, y el acné se irá desvaneciendo.

 

En ocasiones, el acné también pudiese ser provocado como respuesta a la irritación que siente el joven ante las personas adultas, quizá se sienta poco apoyado, valorado o quizá muy exigido o criticado, por lo que su protesta interior se vuelve evidente con el acné.

 

El conflicto de convertirse en adulto se ve agravado por las exigencias de casa y de las personas que le rodean como maestros, familiares, etc.
Las etapas de cambios fuertes por lo general suelen provocar estrés en la persona. Cuando este estrés no es manejado de la forma apropiada, entonces la piel lo resentirá indudablemente. Es por eso que muchas personas que son sensibles a padecer acné, suelen verlo brotar en épocas de conflictos o donde se sienten inseguros.
El acné en el embarazo, por ejemplo, también se padece por la tensión a los cambios que desatara el nuevo miembro de la familia. Muchas veces, cuando el bebe nace, el acné se ha ido.
Sin embargo, en algunos casos, el acné suele no irse y persistir, o aparecer de forma intermitente en distintas etapas de la vida. En estos casos, sucede que los momentos de tensión o angustia en la persona suelen variar fuertemente, a veces se sentirá relajada y tranquila, pero cuando algo le remita a una situación de estrés, temor, ansiedad, etc. el acné reaparecerá.

 

Si a los adolescentes que son propensos al acné se les ayudara a entender lo que sienten y a enfrentar los cambios, y a entender cada etapa por la que pasan como un momento de aventura y descubrimiento, sin duda el acné desaparecería. Habría que orientarlos principalmente hacia el disfrute de sus nuevas experiencias, a la confianza en sí mismos y a la seguridad de su entorno.

Muchas veces, lo único que se requiere para darle paz al joven, es escucharlo, dejarlo que exprese sus temores, sus protestas y sus inseguridades. Una vez que el mismo se escucha, habrá hecho consciencia de lo que le afecta, y entonces la tensión cesará. Muchas veces, los jóvenes no se sienten suficientemente atractivos, aceptados, amados, etc. lo cual les genera mucha tensión.

En el caso de las personas adultas, estas mismas pueden darse a la tarea de indagar por sí mismas en lo que temen o les hace sentir inseguras. Funciona muy bien escribir lo que se siente y observarlo sin juicio, solamente verlo como una forma de retro alimentarse. El saber lo que nos hace sentir temerosos o ansiosos es ya un paso grande para generar tranquilidad.
En el momento en que aumenta la serenidad en la persona, ya sea joven o adulta, los problemas de piel como el acné bajaran considerablemente.

 

Hablá con tu piel, preguntale qué le irrita o qué es lo que siente. Si logras entablar un buen diálogo con tu piel, lo más seguro es que esta no tenga que decirlo de otras formas.

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